Papa Gregorio XVII y la Iglesia Católica Palmariana

En el momento de la muerte de Papa Pablo VI, la Iglesia católica romana había apostatado de la verdadera Fe y se había cumplido la profecía de Nuestra Señora dada a los niños de La Salette en 1846: “Por grados la fe será abolida, incluso en personas consagradas a Dios.” Y ahora otra profecía contenido en ese mismo mensaje acababa de cumplirse: “Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede de Anticristo.”

En el momento de la muerte de Pablo VI, el Colegio de los Cardinales había caído casi en su totalidad bajo excomunión por sus creencias heréticas y corruptas, por su falta de condenar tales creencias, y por ser la mayoría Masones o comunistas. El Espíritu Santo no podía presidir, por consiguiente, sobre éste Colegio de Cardinales y por tanto estaban impotentes para elegir un verdadero Papa.

Por consiguiente, la intervención del Cielo fue requerida, y vino en el mismo día que Papa Pablo VI murió (6 de agosto de 1978):

Nuestro Señor apareció al Obispo Padre Fernando (Clemente Domínguez y Gómez), que entonces se encontraba en una visita misionera a Bogotá, Colombia, y le anunció la muerte del último Papa de Roma. Al mismo tiempo, Nuestro Señor eligió al Obispo Padre Fernando como sucesor a Pablo VI, dándole el nombre Gregorio XVII cuya coronación oficial tuvo lugar unos días después, a su retorno a España.

El nuevo Papa, Gregorio XVII, transfirió la Sede de Pedro de la apóstata Roma a El Palmar de Troya el 9 de agosto, 1978, y desde ese momento la verdadera Iglesia de Cristo ha sido establecida en El Palmar de Troya y es llamada Iglesia Católica Palmariana.





Orden de los Carmelitas de la Santa Faz en compañía de Jesús, María y José